Estas
haciendo
cosas:
música,
chirimbolos de repuesto,
libros,
hospitales,
pan,
días llenos de propósitos,
flotas,
vida
con tan pocos materiales.
A veces
se diría
que no puedes llegar hasta mañana,
y de pronto
una pregunta y sí,
hay cine,
apagones,
lámparas que resucitan,
calle mojada por la maravilla,
ojo del alba,
Juan
y cielo de regreso.
Hay cielo hacia adelante.
Todo va saliendo más o menos
bien o mal, o peor,
pero se llena el hueco,
se salta,
sigues,
estás
haciendo
conmovedor en tu pobreza,
pueblo mío,
y hasta horribles carnavales, ya hasta
feas vidrieras, y hasta
luna.
Repiten los programas,
no hay perfumes
(adoro esa repetición , ese perfume):
no hay, no hay, pero resulta que
hay.
Estás, quiero decir,
estamos.
_________
Poesía Libre. Revista de Poesía. Ministerio de Cultura, Managua (Nicaragua) Año V. Número 15, diciembre de 1985.
Responsable: Julio Valle-Castillo
Consejo Editorial:
Carlos Calero (Monimbó); Juan Ramón Falcón (Condega); Marvin Ríos (Niquinohomo); Cony Pacheco (Subtiava); Gonzalo Martínez (Bluefields); Gerardo Gadea (Ejército Popular Sandinista)
A la revista 'Caminar Conociendo', nº 0/1, se le han ido agregando escritos. Si desea ojear el número de ella retroceda hasta encontrar el índice, el staf o los titulares de la misma.
miércoles, 10 de marzo de 2010
jueves, 4 de marzo de 2010
José Mª Amigo Zamorano: El cepillo de dientes
1. El Atadijo
Era la primera vez que tomaba posesión de una escuela, después de haber aprobado las oposiciones brillantemente.
A pesar de haber preparado, concienzudamente, la maleta, se le había olvidado el cepillo de dientes. Había mirado y remirado entre las prendas que se apilaban encima de la cama; había hurgado en los bolsillos; y nada, no aparecía el cepillo.
Y este hecho, aparentemente anodino, le había producido un malestar del que no podía liberarse fácilmente a pesar de los esfuerzos que hacía; no era por el cepillo en si, que también, sino porque no encontraba explicación a su descuido.
Recordaba haber cogido el lápiz y escrito, uno por uno, todos los utensilios que necesitaba para vivir en ese pueblo; recordaba igualmente el cuaderno; lo recordaba porque había dudado entre comprarse uno nuevo o hacerlo en el que, desde que estudiara el bachillerato, siendo una joven pipiola, había destinado para volcar sus inquietudes; y que finalmente se decidió por esa especie de diario que guardaba, celosamente, y que, de vez en cuando, palpaba y hojeaba con cariño. Y es que allí recogió los sentimientos que le embargaron al morir su padre; y que mas natural sería que guardara recuerdos también de este acontecimiento -como los guardó de aquel- que, con el paso tiempo, iba a ser decisivo en su vida -qué duda cabe- hasta el momento en que, el Misericordioso Alá, la llamara a su seno como lo había hecho con su padre, que en gloria esté.
2. La Cuerda
¡Ah, su padre!: su muerte fue un golpe duro, terrible, para ella; cómo decirlo, como una losa gigantesca que se le vino encima; de repente se dio cuenta lo inerme que estaba ante la vida; esa vida que había pasado dulcemente, sin las mordidas que da a los más humildes, esos que ella había llamado pobres, con una mezcla de conmiseración y de desprecio...; y de repente ¡zas! comprende que ella se encontraba entre esa misma franja de la sociedad que tiene que ganarse el pan atada a un trabajo, a un sueldo, como el resto de pobres de la tierra.
Se rompió el paracaídas que era su padre y se encontró al raso. Debía de cuidar de ella misma de lo contrario nadie la iba a cuidar. Y el olvido del cepillo no era un buen augurio.
Su padre, militar de profesión, no era una persona rica; de manera que al morir, la paga que le quedó a su madre viuda, no llegaba, o llegaba a duras penas, para pasar el mes, por lo que, a ella, su madre, la envió con la abuela...; además su padre había sido un pilar básico para todos ellos; más que un pilar, todo un paracaídas como ya se ha dicho, que les protegía de cualquier adversidad; es mas, si algún contratiempo se abatía sobre la familia, no llegaba a ninguno de los hijos; o cuando se enteraban, si se enteraban, la tormenta ya había pasado.
Verdaderamente fue todo un sólido paracaídas.
Eso de paracaídas era una palabra que siempre utilizaba su padre que había servido en el arma de aviación; bien es verdad que en servicios auxiliares y jamás había subido a un avión y menos, claro está, se había lanzado en paracaídas; pero le parecía muy apropiado usar esa palabra para hacer ciertas comparaciones y, a decir verdad, que en este caso le venía como anillo al dedo; su padre fue, para ellos, un pilar y un paracaídas y su muerte se dejó notar en la casa que, a partir de entonces, ya no fue la misma.
Y no fue porque la madre, débil de carácter, no supo seguir con la disciplina que el padre había implantado, quizá como un reflejo de la milicia; los hermanos se rebelaban a menudo; y la madre no sabía, no podía o no quería enfrentarse a ellos y los dejaba a su libre albedrío; mas de una vez, ella, había tenido que llamarles la atención; a pesar de no convivir con sus hermanos, sino, como ya se ha dicho, en casa de la abuela, le sublevaban la indisciplina y falta de respeto a su madre.
--¡Si padre viviera!, exclamaba.
Tenía verdadera fijación por el difunto padre; ya en vida la había tenido igualmente; y todos los valores del progenitor se habían vuelto a reencarnar en ella.
Por eso, el olvido del cepillo de dientes, le había afectado tanto; a su modo de ver era un ultraje a la memoria de su padre que, acostumbrado al trabajo de los servicios auxiliares, le había inculcado la meticulosidad en todas sus tareas, la labor bien hecha y sin un fallo, según él la entendía; el secreto está en la organización rutinaria, solía decir; y se enfadaba si ella dejaba algo a la improvisación.
Por ello había organizado su marcha, casi militarmente; entendida la milicia igual que su padre; de manera que ese fallo absurdo le había desequilibrado; sabía que había otras cosas de mayor entidad que el cepillo de dientes; pero, sin ser vital, resultaba imprescindible para prevenir un montón de enfermedades que comenzaban en la boca; su padre, sin duda, habría censurado su imprevisión; imprevisión no era la palabra exacta, ya que figuraba en la lista del cuaderno, como se ha apuntado, sino atolondramiento; se había dejado llevar por la emoción de ser libre por primera vez; por la emoción de ganar su primer sueldo.
Decididamente, no se lo iba a perdonar mientras viviera.
3. El Ahorcamiento
Miró un momento la habitación, por ver si en algún rincón de la misma lo había dejado abandonado; la señora de la casa, donde había encontrado alojamiento, mirando al esposo, se había apresurado a ofrecerle el cepillo de su hijo.
--"No se preocupe, señorita, cuando venga mi hijo del campo le dejará el suyo".
No supo contestarle con una negativa rotunda; es mas, no supo qué contestarle; y para ella, tan generoso ofrecimiento, era una amenaza de muerte.
Amenaza que se haría realidad en cuanto viniera el hijo de arar con las mulas, ¡El Altísimo lo remedie!; lo terrible es que no tendría escapatoria, ni paracaídas con que cubrirse, ¡Oh, Jehová, el de Suprema Bondad!, puesto que el lavabo común, no había otro, estaba en la cocina; una cocina amplia que tenía, en su frente, un hogar con chimenea y, a ambos lados, dos escaños; uno de ellos servía para poner las comidas del día; ahora no recordaba si a la derecha o a la izquierda estaba el fregadero; pero, al lado, había un lavabo con palancana o jofaina; allí tendría que lavarse los dientes, ¡El Señor del Universo no lo quiera!, a la vista de toda la familia, con el cepillo del hijo; solo de pensarlo le daban mareos; el techo se le vino encima y se tuvo que agarrar al respaldo de la silla, ¡Dios le perdone sus pecados!...
Había cenado sin ganas, siempre pensando en el cepillo de dientes del hijo de la señora; su corazón le había latido con bastantes pulsaciones; el hijo, para más inri, era tonto perdido; tenía la boca oscura cual noche de lobos, y dientes igualmente oscuros, amarillentos y carcomidos, como madera podrida; se lo había presentado el marido de la señora, poco antes de la cena.
--"Si, si, maestra, maestra", "buena, buena", -le había dicho él, pasándole su enorme manaza por la espalda.
Un estremecimiento de asco le corrió de arriba a abajo; estremecimiento del que ya se estaba recuperando al comprobar, como comprobaba, el paso del tiempo hablando de mil cosas insulsas y vanales, sin que recordaran u ofreciesen el dichoso cepillo de dientes. ¡Alabado sea Yavé!.
Se levantó para irse a la cama.
Estaba muy cansada del viaje y las emociones. No aguantaba mas.
--"Hasta mañana, si dios quiere; y que ustedes descansen", dijo despidiendo a los dos comensales.
--"Buenas noches, señora", añadió a la que estaba fregando.
La aludida se limpió las manos con la rodilla. Se dio la vuelta y, con la sonrisa en los labios, pronunció obsequiosamente:
--Tome, señorita.
Y le alargó el cepillo de dientes de su hijo.
La maestra de escuela, desbocado el corazón por mil latidos, emitió un sonido gutural, puso amarillenta su cara, cayendo al suelo, fulminada, todo lo larga que era.
El tonto, asustado por los gritos de su madre, con lagrimones en los ojos, repetía:
--"Maestra buena, buena".
Y se la quedó mirando con su oscura, podrida y desvencijada boca.
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José Mª Amigo Zamorano,
narración,
Relato
jueves, 25 de febrero de 2010
Rolando López del Amo (*): Para cambiar la vida
Para cambiar la vida se comienza
por conocer a dónde va la vida.
Después, calladamente, íntimamente,
se decide tomar sobre si propio
todo el dolor disperso por el mundo.
Entonces se echa a andar entre los pobres
a reunir la fuerza en la palabra
hasta que se haga pólvora y estalle.
_____
(*) Poeta cubano; ver http://www.cubaliteraria.com/autor/ficha.php?Id=688
__________
Poesía Libre. Revista de Poesía. Ministerio de Cultura, Managua (Nicaragua) Año V. Número 15, diciembre de 1985.
Responsable: Julio Valle-Castillo
Consejo Editorial:
Carlos Calero (Monimbó); Juan Ramón Falcón (Condega); Marvin Ríos (Niquinohomo); Cony Pacheco (Subtiava); Gonzalo Martínez (Bluefields); Gerardo Gadea (Ejército Popular Sandinista)
por conocer a dónde va la vida.
Después, calladamente, íntimamente,
se decide tomar sobre si propio
todo el dolor disperso por el mundo.
Entonces se echa a andar entre los pobres
a reunir la fuerza en la palabra
hasta que se haga pólvora y estalle.
_____
(*) Poeta cubano; ver http://www.cubaliteraria.com/autor/ficha.php?Id=688
__________
Poesía Libre. Revista de Poesía. Ministerio de Cultura, Managua (Nicaragua) Año V. Número 15, diciembre de 1985.
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miércoles, 27 de enero de 2010
Jacques Viau: Nada dura tanto como el llanto
(homenaje, recuerdo y reconocimiento al martirizado pueblo haitiano que nos legó su rebeldía contra los esclavizadores y triunfó, en uno de sus hijos, el poeta Jacques Viau)
+
Hemos ido acumulando corazones en nuestro corazón,
palabras en nuestra voz quebrantada por azadones.
Hemos dejado huellas por todos los caminos
y algunos de nosotros ya no estamos.
Hemos ido de manos con las sombras.
Nuestro andar es un grito estacionado.
Por cada paso, un día que transcurre.
Por cada palabras, mil palabras que vocifera la prole.
¿Qué será de nosotros después de esta larga travesía?
Poco importan si el mármol o la piedra eternizan
nuestro corazón de húmedo barro.
Nos basta con que nuestra voz perdure en la voz
del amigo, en la del compañero de rutas que nos tendió
la mano cuando se aproximaba la caída.
Hemos llenado muchos de los vacíos que nos legaran.
A otros toca llenar los que nosotros dejamos.
Apenas tuvimos tiempo para remendar la herencia.
¿A qué corazón irá nuestro corazón a depositarse?
¿A qué silbido irá nuestro silbo a renovarse?
Nada sabemos,
cumplimos una jornada que empezó antes que nosotros
y que no concluirá con nosotros.
Nada dura tanto como el llanto (18 poemas) escrito en español. Jacques Viau nació en Puerto Príncipe en 1942. Perteneció a una familia de perseguidos políticos, que se refugiaron en Santo Domingo. Fue abatido durante las insurrecciones de 1965 cuando aún no había cumplido sus 23 años. El poeta haitiano René Depestre destacó "la alta facultad de radiación de su palabra".
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Hemos ido acumulando corazones en nuestro corazón,
palabras en nuestra voz quebrantada por azadones.
Hemos dejado huellas por todos los caminos
y algunos de nosotros ya no estamos.
Hemos ido de manos con las sombras.
Nuestro andar es un grito estacionado.
Por cada paso, un día que transcurre.
Por cada palabras, mil palabras que vocifera la prole.
¿Qué será de nosotros después de esta larga travesía?
Poco importan si el mármol o la piedra eternizan
nuestro corazón de húmedo barro.
Nos basta con que nuestra voz perdure en la voz
del amigo, en la del compañero de rutas que nos tendió
la mano cuando se aproximaba la caída.
Hemos llenado muchos de los vacíos que nos legaran.
A otros toca llenar los que nosotros dejamos.
Apenas tuvimos tiempo para remendar la herencia.
¿A qué corazón irá nuestro corazón a depositarse?
¿A qué silbido irá nuestro silbo a renovarse?
Nada sabemos,
cumplimos una jornada que empezó antes que nosotros
y que no concluirá con nosotros.
Nada dura tanto como el llanto (18 poemas) escrito en español. Jacques Viau nació en Puerto Príncipe en 1942. Perteneció a una familia de perseguidos políticos, que se refugiaron en Santo Domingo. Fue abatido durante las insurrecciones de 1965 cuando aún no había cumplido sus 23 años. El poeta haitiano René Depestre destacó "la alta facultad de radiación de su palabra".
martes, 1 de diciembre de 2009
José Emilio Pacheco: Notas sobre treinta años de poesía
En 1959 leí
aquel poema suyo que comienza diciendo:
'Nosotros los sobrevivientes
¿a quién debemos la so
brevida?'
Y desde entonces me lo sé de memoria
y me parece cada vez más actual,
más dolorosamente mío,
porque son tantos
los muertos y las muertes
que llenan o vacían este trozo de siglo
que es increible que sigamos viviendo
y en 1981, en otro mundo ciertamente,
pueda leer
palabra de mi pueblo, testimonio
de treinta años de hacer poesía.
Se dice fácil pero cuántas cosas
nos separan de aquel momento.
A partir del 59
también hay otra historia de la poesía
y Cuba está en el centro y en el centro de Cuba
Fernández Retamar que ha sabido
reunir a los autores de esa otra poesía.
(Iba a escribir "nueva poesía";
me doy cuenta
de lo veloces que han pasado los años).
Si hubo un 98 llamemos a aquella
"generación del 59" y no sólo en Cuba.
En modo alguno desdeño
los libros iniciales de Retamar
pero su mejor poesía se ha escrito
después de la revolución y desde ella.
No ha sido tanto
el mediador entre dos poesías
como el trasmisor que elige críticamente
lo vivo del pasado,
la parte susceptible de enriquecer
la nueva cultura.
En su caso, y entre otras cosas,
la conciencia
de que el rigor artístico,
la perfección del oficio,
el mayor nivel de exigencia
no salen sobrando
dentro de la revolución
sino que resultan
perfectamente revolucionarios.
Que Retamar no se ha equivocado lo prueba
la excelencia contínua de la poesía cubana
que al inventar su tradición
revoluciona y pone al día el pasado.
-
Pero no sólo a sus compañeros cubanos:
a todos los de esta parte del mundo
Retamar nos ha enseñado algo o mucho.
Yo pondría en primer término
(sin perjuicio de otras lecciones)
el "deber y el derecho de escribir sobre todo".
Después de él y sus compañeros (no los olvido)
ya nada es indecible,
ya todo es combustible para que arda el poema:
la grandes conmociones de la revolución,
los héroes conocidos o anónimos,
Vietnam y Nicaragua y Angola,
pero también la voz de Benny Moré,
un campeonato de pelota,
un corte de caña,
la espera de los amantes, la ternura
familiar, la muerte de un gato,
el hecho violento
de compilar una antología,
una torcaza,
y desde luego la amistad y el amor
la muerte y el tiempo que huye.
-
Fernámdes Retamar en su primer medio siglo
puede sentirse satisfecho:
ha devuelto
a su pueblo y a nuestros (sic) pueblo
el don más alto que le concedieron:
esa palabra
que es ahora palabra de su pueblo.
*
Poesía Libre. Revista de Poesía. Ministerio de Cultura, Managua (Nicaragua) Años IV. Número 10, enero de 1984.
Responsable: Julio Valle-Castillo
Consejo Editorial:
Carlos Calero (Monimbó); Juan Ramón Falcón (Condega); Marvin Ríos (Niquinohomo); Cony Pacheco (Subtiava); Gonzalo Martínez (Bluefields); Gerardo Gadea (Ejército Popular Sandinista)
aquel poema suyo que comienza diciendo:
'Nosotros los sobrevivientes
¿a quién debemos la so
brevida?'Y desde entonces me lo sé de memoria
y me parece cada vez más actual,
más dolorosamente mío,
porque son tantos
los muertos y las muertes
que llenan o vacían este trozo de siglo
que es increible que sigamos viviendo
y en 1981, en otro mundo ciertamente,
pueda leer
palabra de mi pueblo, testimonio
de treinta años de hacer poesía.
Se dice fácil pero cuántas cosas
nos separan de aquel momento.
A partir del 59
también hay otra historia de la poesía
y Cuba está en el centro y en el centro de Cuba
Fernández Retamar que ha sabido
reunir a los autores de esa otra poesía.
(Iba a escribir "nueva poesía";
me doy cuenta
de lo veloces que han pasado los años).
Si hubo un 98 llamemos a aquella
"generación del 59" y no sólo en Cuba.
En modo alguno desdeño
los libros iniciales de Retamar
pero su mejor poesía se ha escrito
después de la revolución y desde ella.
No ha sido tanto
el mediador entre dos poesías
como el trasmisor que elige críticamente
lo vivo del pasado,
la parte susceptible de enriquecer
la nueva cultura.
En su caso, y entre otras cosas,
la conciencia
de que el rigor artístico,
la perfección del oficio,
el mayor nivel de exigencia
no salen sobrando
dentro de la revolución
sino que resultan
perfectamente revolucionarios.
Que Retamar no se ha equivocado lo prueba
la excelencia contínua de la poesía cubana
que al inventar su tradición
revoluciona y pone al día el pasado.
-
Pero no sólo a sus compañeros cubanos:
a todos los de esta parte del mundo
Retamar nos ha enseñado algo o mucho.
Yo pondría en primer término
(sin perjuicio de otras lecciones)
el "deber y el derecho de escribir sobre todo".
Después de él y sus compañeros (no los olvido)
ya nada es indecible,
ya todo es combustible para que arda el poema:
la grandes conmociones de la revolución,
los héroes conocidos o anónimos,
Vietnam y Nicaragua y Angola,
pero también la voz de Benny Moré,
un campeonato de pelota,
un corte de caña,
la espera de los amantes, la ternura
familiar, la muerte de un gato,
el hecho violento
de compilar una antología,
una torcaza,
y desde luego la amistad y el amor
la muerte y el tiempo que huye.
-
Fernámdes Retamar en su primer medio siglo
puede sentirse satisfecho:
ha devuelto
a su pueblo y a nuestros (sic) pueblo
el don más alto que le concedieron:
esa palabra
que es ahora palabra de su pueblo.
*
Poesía Libre. Revista de Poesía. Ministerio de Cultura, Managua (Nicaragua) Años IV. Número 10, enero de 1984.
Responsable: Julio Valle-Castillo
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viernes, 27 de noviembre de 2009
José Mª Amigo Zamorano: Al paso de Anábasis
Nosotros, digo yo, buena gana de pluralizar el sentimiento que me brota al conocer y comprender que hay otras hermosas realidades que puedo incorporar a la mía sin grandes contradicciones.
-
Yo, digo nosotros, buena gana de singularizar el brote arcoirisado, ideal de la materia, de la que estamos hechos, y que antes de la llegada del Extranjero nos ocultaba esa unilateralidad de los rayos del sol lanzados a este oscuro rincón.
-
Nosotros, y yo mismo, avivados por los rumores traídos por el forastero, que pasaba por aquí, adquirimos, también, la multilateralidad de la luz haciendo de nuestra nación, de nuestra patria chica, un pequeño universo donde los sueños han tenido otro significado; como, por ejemplo, si tuvieran un poder sugeridor de amplias avenidas, calles luminosas... es decir: concepciones, puntos de vista, apreciaciones... libres de intereses de propiedad privada; sueños de terrenos comunales para poder satisfacer bocas llenas de deseos de pan, de paz y de libertad.
-
A quien no ha sentido esa arcoirisada paleta, no ha tenido el prisma óptico delante de sus ojos y no ha visto descomponerse la luz en los colores del espectro solar, no saldrá nunca de la estrecha y avara carcajada, y, por lo tanto, no podemos concederle estatuto de camaradería. En el nosotros, claro, me incluyo.
-
El poeta de Anábasis ha proseguido con su canto:
El poeta de Anábasis ha proseguido con su canto:
-
"... Mas yo rondaba por la ciudad de vuestros sueños y establecía en los mercados desiertos ese puro comercio de mi alma, entre vosotros
invisible y frecuente como una fogata de espino bajo el viento.
¡Tú cantabas, poder, en nuestras rutas espléndidas!... "En la delicia de la sal se hallan las lanzas del espíritu... ¡Avivaré con sal las bocas muertas del deseo!
A quien no ha bebido, alabando la sal, el agua de las arenas en un casco,
poco crédito le concedo en el comercio del alma..." (Y no se nombra al sol, mas su poder se halla entre nosotros.)"(*)
"... Mas yo rondaba por la ciudad de vuestros sueños y establecía en los mercados desiertos ese puro comercio de mi alma, entre vosotros
invisible y frecuente como una fogata de espino bajo el viento.
¡Tú cantabas, poder, en nuestras rutas espléndidas!... "En la delicia de la sal se hallan las lanzas del espíritu... ¡Avivaré con sal las bocas muertas del deseo!
A quien no ha bebido, alabando la sal, el agua de las arenas en un casco,
poco crédito le concedo en el comercio del alma..." (Y no se nombra al sol, mas su poder se halla entre nosotros.)"(*)
-
Alumbrado el mundo así, de esa manera objetiva, nos vienen al recuerdo distintos tipos, muy variopintos, ricos todos ellos en matices nunca antes percibidos, ni presentidos; como por ejemplo aquel campesino quien, a la caída de la tarde, en invierno, nos hizo notar la alegría que produce el alimentarse de nueces, partidas en la mesa camilla, para apartar de si la tristeza que le embarga cuando la luz se muere tan pronto.
Alumbrado el mundo así, de esa manera objetiva, nos vienen al recuerdo distintos tipos, muy variopintos, ricos todos ellos en matices nunca antes percibidos, ni presentidos; como por ejemplo aquel campesino quien, a la caída de la tarde, en invierno, nos hizo notar la alegría que produce el alimentarse de nueces, partidas en la mesa camilla, para apartar de si la tristeza que le embarga cuando la luz se muere tan pronto.
-
Ese mismo quien, en el verano, se henchía de gozo por la amanecida, muy a primeras horas del día, cuando, en un descanso del trabajo, en la recolección de la algarroba, para desayunar pan con chocolate, al ver asomar la primera luz, los primeros rayos de sol, tras la línea del horizonte, al tiempo que las chimeneas de la alquería iban arrojando, paulatinamente, columnas de humo azulado, rectas, por las chimenas, hablaba de esta guisa:
Ese mismo quien, en el verano, se henchía de gozo por la amanecida, muy a primeras horas del día, cuando, en un descanso del trabajo, en la recolección de la algarroba, para desayunar pan con chocolate, al ver asomar la primera luz, los primeros rayos de sol, tras la línea del horizonte, al tiempo que las chimeneas de la alquería iban arrojando, paulatinamente, columnas de humo azulado, rectas, por las chimenas, hablaba de esta guisa:
-
-Ahora es la alegría, el contento, el gozo... nos inunda y se derrama para afuera del alma, como hago yo, en este instante, contigo. Ahora, te digo, y no en el invierno cuando ya, a las cinco de la tarde, comienza la noche, la oscuridad, las tinieblas se nos echan encima y nos aplastan... el alma se entristece, el ánimo se achica...
-Ahora es la alegría, el contento, el gozo... nos inunda y se derrama para afuera del alma, como hago yo, en este instante, contigo. Ahora, te digo, y no en el invierno cuando ya, a las cinco de la tarde, comienza la noche, la oscuridad, las tinieblas se nos echan encima y nos aplastan... el alma se entristece, el ánimo se achica...
-
Cada personaje a su modo y manera.
Cada personaje a su modo y manera.
-
Nos acordamos, también, de aquel obrero que ganaba lo justo para si y para su familia; aquel trabajador de la gasolinera que, embargado por la conmiseración, movido por la fraternidad, empujado, quizás, por la conciencia de clase y comprendiendo la locura del joven que tenía enfrente; joven que se había ido de casa de sus padres sin medios para sobrevivir; joven que hasta acababa de bajar a la orilla del río, donde habían comido unos escolares (de excursión sin duda) para ver si encontraba algún resto de comida que llevarse a la boca; y no, no había encontrado nada, ni restos; este trabajador, este obrero de la gasolinera, le dio de beber agua del botijo.
Nos acordamos, también, de aquel obrero que ganaba lo justo para si y para su familia; aquel trabajador de la gasolinera que, embargado por la conmiseración, movido por la fraternidad, empujado, quizás, por la conciencia de clase y comprendiendo la locura del joven que tenía enfrente; joven que se había ido de casa de sus padres sin medios para sobrevivir; joven que hasta acababa de bajar a la orilla del río, donde habían comido unos escolares (de excursión sin duda) para ver si encontraba algún resto de comida que llevarse a la boca; y no, no había encontrado nada, ni restos; este trabajador, este obrero de la gasolinera, le dio de beber agua del botijo.
-
-¡Coño, lo que me pidió!
-
Mas luego, al charlar con él, al comprender su situación, en un arranque de desprendimiento, de generosidad, de solidaridad... se palpó los bolsillos y le ofreció todo el dinero que tenía.
-
Mas luego, al charlar con él, al comprender su situación, en un arranque de desprendimiento, de generosidad, de solidaridad... se palpó los bolsillos y le ofreció todo el dinero que tenía.
-
-Tu no sabes lo dura que es la vida... o puede serlo.
-
Y tras esa dádiva se sintió contento, dichoso...
Y tras esa dádiva se sintió contento, dichoso...
-
En fin, muchas gentes, muchos detalles, muchos colores... Gentes de todo color, condición, oficio...
En fin, muchas gentes, muchos detalles, muchos colores... Gentes de todo color, condición, oficio...
-
No siendo de los oficios menores en importancia, y hay que alabarlos, aquellos que buscaban y descubrían razones para ponerse en marcha. Como este Extranjero. Que pasaba.
-
Saint John Perse nos dijo en su Anábasis:
-
Saint John Perse nos dijo en su Anábasis:
-
"Hombres, gentes del polvo y de toda condición, gentes de ocio y de negocio, gentes de los confines y gentes de más allá, oh gentes de poco peso en la memoria de estos lugares; gentes de los valles y de las mesetas y de las más altas laderas de este mundo en la prescripción de nuestras orillas; husmeadores de signos, de semillas, y confesores de vientos al Oeste; seguidores de pistas, de estaciones, alzadores de campamentos en la brisa del alba; oh buscadores de puntos de aguasobre la corteza del mundo; oh buscadores, oh descubridores de razones para ponerse en marcha,
no traficais con una sal más fuerte cuando, por la mañana,, en un presagio de reinos y de aguas muertas altamente suspendidas sobre las humaredas del mundo, los tambores del exilio despiertan en las fronteras
a la eternidad que bosteza en las arenas." (*)
"Hombres, gentes del polvo y de toda condición, gentes de ocio y de negocio, gentes de los confines y gentes de más allá, oh gentes de poco peso en la memoria de estos lugares; gentes de los valles y de las mesetas y de las más altas laderas de este mundo en la prescripción de nuestras orillas; husmeadores de signos, de semillas, y confesores de vientos al Oeste; seguidores de pistas, de estaciones, alzadores de campamentos en la brisa del alba; oh buscadores de puntos de aguasobre la corteza del mundo; oh buscadores, oh descubridores de razones para ponerse en marcha,
no traficais con una sal más fuerte cuando, por la mañana,, en un presagio de reinos y de aguas muertas altamente suspendidas sobre las humaredas del mundo, los tambores del exilio despiertan en las fronteras
a la eternidad que bosteza en las arenas." (*)
__-_-_-_-_-_-__
(*) Anábasis en el libro Poemas (Anábasis. Exilio. Crónica. Canto para un equinocio.). Autor: Saint-John Perse; editorial Lumen, Barcelona, primera edición de 1988; edición bilingüe; traducción y prólogo: Enrique Moreno Castillo
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martes, 3 de noviembre de 2009
Massimo D'azeglio: El Sepulturero Hambriento (*)
Un hombre vestido con una capa oscura toda descosida, con los rojos cabellos en desorden y un rostro de triste augurio, estaba parado en medio de la sacristía y, vuelto hacia un fraile dominico que ocupaba con su corpulencia todo un sillón de cuero colocado entre uno y otro armario, mueble corriente en aquellos lugares, le preguntaba con hablar rudo y voz basta y penetrante:
-¿Cuáles he de preparar, la de los pobres o la de los señores?
-¡Bonita pregunta! -respondió el fraile, y la sola parte que se movía en su cuerpo eran los labios-. ¿No sabes que el señor Gonzalo corre con los gastos? No se trata de uno de esos muertos de hambre de Barletta que para no tener que pagarle nada al clero se hacen enterrar como pobres. De primera clase, ya os lo he dicho a todos, de primera clase, campanas, catafalco y misa cantada. Me parece que estáis hoy todos más tontos que de costumbre.
El otro se encogió de hombros y, habiéndose dirigido hacia uno de los lados de la sacristía, se quitó de la vista de Fieramosca, pero éste oyó meter la llave en una puerta y abrirla; luego distinguió un rumor de pasos que se alejaban, y durante algunos minutos no oyó otra cosa; poco después los mismos pasos que regresaban con un arrastrar como de cosa empujada sobre el suelo; el estrépito avanzó hasta que volvió a aparecer el mismo hombre tirando de un catafalco negro que dejó en medio de la sacristía, y el cual tenía unos filetes de plata y una cruz a la cabecera, y a los pies un cráneo envuelto entre dos huesos colocados allí a la manera de cruz de San Andrés. Arrojó encima del catafalco una cubierta de terciopelo negro, después que con un paño hubo sacudido el polvo. Mientras el sepulturero cumplía este oficio con esos modales despreocupados y ese malhumor que, con demasiada frecuencia, se nota en los servidores de las sacristías, una idea alegre encontró forma, sin embargo, de contraerle en una sonrisa la piel que le cubría los huesos de las mejillas.
-Por tanto, también esta vez habrá bebida para mí. Hace mucho tiempo que no hay otro trabajo que el de marinero o pescador... Demos gracias a Dios de que, de vez en cuando, se acuerda de uno de estos... -se volvió de pronto, casi temiendo ser oído, y en voz baja siguió-: de estos peces gordos.
-A todos les toca la vez -dijo el fraile, cortando la frase en dos con un bostezo.
-Y puede ser -seguía el sepulturero, colocando la cubierta sobre el feretro y apartándose para ver que no colgase más de una parte que de otra-, puede ser que la Beca, esa bruja de mi mujer, se haya salido con la suya. Ayer noche, esto es bueno, estábamos en la cama y hablábamos de que está uno sin nada que hacer y no se trabaja, y que los refajos de la mujer y el sayo nuevo, que me pude hacer con los dineros ganados en la peste, se van a toda prisa. Y ved si es verdad -y así diciendo alzaba las mangas hasta los codos para mostrar con la delgadez de sus brazos la verdad de sus afirmaciones-; bueno, pues decíamos que si seguía la cosa así, dentro de poco estaríamos muertos de hambre. Y esta mañana, antes del Avemaría, mientras me levantaba para bajar a la iglesia, me dice ella: '¿Sabes lo que he soñado?'. '¿Qué has soñado?'. 'Me parecía que la cocina de la hostería de Veleno estaba llena de camas y el posadero era el que estaba más amarillo, y en resumen, que había vuelto la peste y que habíamos levantado cabeza y tú andabas por Barletta vestido como una caballero...'. Y es lo que yo digo, fray Biagio, entre la guerra y la peste, ¿qué diferencia hay? Y puede ser que antes de esta noche... -y al llegar aquí, de nuevo bajó la voz y viendo que desde la iglesia nadie lo miraba, pasándose el pulgar sobre los hombros, señaló hacia los trece jóvenes-, puede ser, en suma, que alguno vuelva a casa sobre el ataud...
El fraile, o porque no había prestado atención o por mantener los derechos de la jerarquía, no se cuidó de responder, con lo que se acabó el diálogo. El sepulturero, cuando hubo puesto en orden todas las cosas, desapareció, y el catafalco se quedó en medio de la sacristía.
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Massimo D'azeglio en 'Héctor Fieramosca'. Título original: Ettore Fieramosca o La disfida di Barletta. Traductor: Mariano Orta, Ediciones Toray, S.A., Barcelona 1968
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