martes, 22 de mayo de 2007

Felipe Juaristi: Metrópolis 2

Oyó que le hablaban en sueños:
'Nadie se conoce a si mismo,
si no es huyendo de la tierra natal.
Es puro movimiento el ser humano'.
Al despertar alzó la vista.
Todo yacía quieto y tranquilo:
en la casa, humeaba la chimenea,
en el patio, lleno de flores el abedul que plantó.

Se marchó dejando atrás
la casa, el humo, el patio, el abedul.
El eco no podía seguir sus pasos.
Cruzó ríos que en sus ojos
llevaban el recuerddo de la nieve,
montañas blancas, rodeadas de nubes.
Tierras áridas vio, tierras fértiles,
y el mismo sol, vigilante en el cielo.
Casi tocó con sus dedos el horizonte,
hilo de perlas en el cuello del mundo.
Fue joven, y enseguida hombre.
De plata se vistieron sus sienes.

Oyó que le hablaban en sus sueños:
'Todo lo que sube es ley que baje.
Así, lo que va ha de venir.
Es un eterno retorno la vida.
Deja de girar como un trompo.
¡Si quieres encontrarte
busca en tu interior!'.

Al morir le dieron tierra
bajo el árbol que plantó de niño.
Todo yacía quieto y tranquilo:
en la casa humeaba la chimenea.
Entonces se dio cuenta por el fresco del amanecer
que sus huesos siempre habían estado allí,
cubiertos por el polvo de años y más años.
El viento agitaba las ramas altas.
Y le llamó la memoria:
'¿Dime, acaso encontraste algo en tu caminar?
El espíritu es un viajero solitario'.

Tan solo lo que otros espíritus han ido abandonando
El rastro ligero de lo que hemos sido en el pasado.

Felipe Juaristi Galdós es escritor y periodista. Colaborador de diarios como 'El Mundo', 'El Sol', 'Diario Vasco', las revistas 'Leer', 'Urogallo'. Ha trabajado para radio y televisión. En 1987 obtuvo el Premio Nacional de la Crítica por su libro de poemas 'Denbora, nostalgia' y el accésit al premio Lizardi de Poesía. Ha publicado novelas con muy buena crítica. No en vano se apallida Galdós, pariente lejano. Como dicen, la sangre tira.

POEMA APARECIDO EN LA REVISTA 'CAMINAR CONOCIENDO', NÚMERO 0-1 DEL AÑO DE 1992 SIN PAGINAR QUE LLEVA UN VERSO, PROVERBIO O FRASE EN CADA PÁGINA

'EL OJO DE LOS NIÑOS SANGRA EN EL ALBA'
(Tahar Benyelun)

Elicia Martín Jiménez: Las Morañegas

Libro De Mi Niñez
'... trigo limpio y sin argaña'


Dicen que a medida que van pasando los años y las personas se hacen adultas, los recuerdos, las imágenes, las vivencias de la niñez se hacen más nítidas, más claras, más precisas. No sin razón, cuando estas sensaciones se producen la 'madurez' comienza a asentarse en nuestras vidas, y probablemente por ello recordar situaciones, emociones o algún objeto que preferentemente nos haya ocupado gran tiempo de nuestra niñez sea sumamente fácil, casi diríamos que se produce de forma espontánea.


Soy de un pueblecito morañego; mi niñez no gozó de un bienestar económico, sino de todo lo contrario, eran tiempos difíciles para España y también para mi comarca: La Moraña; una pizarra, pizarrín de manteca, enciclopedia y poco más era todo nuestro material escolar. Pero sí recuerdo con especial cariño alguno de los libros de lectura que insistentemente leíamos y releíamos; unas veces como puro ejercicio de lectura y otras como medio de expresión de sentimientos; máxime cuandos estos hablaban de nuestra tierra y nuestro entorno.


Coincidencias del destino... cuando se me pidió que escribiera algo sobre un libro especialmente recordado de época de niñez, el azar había querido poner en mis manos un ejemplar roto, carcomido por la polilla, con sus hojas amarillentas por el paso de los años, que al encontrarlo, volví a leer con ansia, haciendo presentes cada una de sus palabars, cada estrofa, cada verso... hablaba de mi tierra, de mis gentes, de sus costumbres, de sus pueblos, de sus llanuras, de sus días claros y soleados, de su impresionante cielo estrellado de verano: Las Morañegas, escrito en 1946 por don Constantino Lucas y Martín, es un canto a La Moraña producido en verso, cuya introducción comienza con el siguiente párrafo:


'A todos mis paisanos los hijos de la tierra labradora, que con hidalgo orgullo llamamos La Moraña.'


Con que avidez devorábamos sus hojas buscando en cada renglón el nombre de nuestro pueblo, con qué atención lo leíamos, con qué cariño lo aprendíamos, identificándonos con cada una de sus palabras que materializaban el sonido de la campana al escuchar el Ángelus, el oleaje de las mieses en primavera o el ruido de las esquilas y cencerros en una cija de una casa de labranza.





'De su alta y fuerte torre, Donjimeno


que de fachenda lleno


a la de Madrigal osado reta'





Elicia Martín Jiménez es profesora de EGB. Actualmente ejerce el cargo de Directora Provincial de Enseñanza en Ávila. Licenciada en Filosofía y Letras.

PUEDE LEERSE EL TEXTO EN LA REVISTA 'CAMINAR CONOCIENDO', NÚMERO 0-1 DEL AÑO 1992, SIN PAGINAR; ESO SI, LLEVA UN VERSO, FRASE O PROVERBIO EN CADA PÁGINA. ESTE ES DE LOPE DE VEGA:

'LA MORAÑA, TRIGO BLANCO Y SIN ARGAÑA'
(LOPE DE VEGA)

Javier Mina Astiz: El Príncipe Valiente

El Libro Que No Lo Era


No recuerdo el año. Ni el el mes. Sólo la cama. Una cama a la medida de la fiebre. Tampoco había más termómetro que la mano que, tierna, recogía de la frente la temperatura y con ese mismo gesto la disimula. No puedo acordarme del nombre de la enfermedad. Ni de cuántos días me retuvo prisionero. Sólo sé que de la oscura Thule vino expresamente a rescatarme un héroe mozo que no tardó, gracias a estas y otras gestas, en ganar las espuelas de caballero de la Tabla Redonda. Porque me rescató, lo suficiente, para que pudiera leer sin cansarme. La verdad es que no había demasiado que leer, pero comparado con otros, los tebeos de El Príncipe Valiente tenían mucha letra que, para mayor rareza, no se encerraba en globos: los personajes hablaban a pie de viñeta. Rareza aún mayor era que las acciones se ventilasen tan rápidamente: en una viñeta se suscitaba un desafío y tres más allá ya había vencedor (generalmente Valiant), o bien en la misma página se preparaba, desarrollaba y tenía fin una gran batalla contra los pictos. La cosa era más llamativa cuanto que un héroe de por aquí El Guerrero del Antifaz, contaba los tebeos por peleas y la espada desenvainada en el número uno de la colección no volvía a la funda ni cien números después. El Príncipe Valiente cobraba además lo suyo, y hubo reyezuelo que le toruró hasta casi la muerte -además, los hematomas y quemaduras se veían-, padecía hambre y sed, y se le veía dormir, comer y trabajar con sus propias manos, ya cazando, ya construyendo chozas o barcos. Pero lo más importante es que por él si pasaban los años, y el mozalbete de los primeros cuadernillos daba paso al hombre aún tierno que jura no volver a enamorarse una vez que los malos asesinan a su primer amor, la dulce Ilena. No obstante se casará con la intrépida Aleta, por la que siente, al principio, una extraña mezcla de amor y odio. Aleta se hallaba muy lejos de la heroina que aguarda el regreso del héroe para convertirse en su reposo, antes bien participaba con él en no pocas aventuras, llegando incluso a salvarle el pellejo -como dicen los tebeos.

Lo que postrado en la cama no acertaba a calificar sino como emocionante, se refería al castigo ejemplar del malo mediante la justa esgrima de la Espada Cantarina; se refería, de igual modo, a la exaltación de la amistad y del amor (pocos personajes de plumilla derramaron tantas lágrimas por el amigo o la esposa), al descubrimiento de países y culturas lejanas, algunas de cuyas costumbres El Príncipe Valiente adoptaba. Supongo, ahora, que tendría más de un defecto, pero, la verdad, viéndole galopar por las sabanas y desalojar de la almohada a las crueles y aguerridas pesadillas, por muy pertrechadas que estuviesen, no me quedó más remedio que hacerme, entonces, su amigo. Quizá también su rival, pues ni la maternidad de Aleta -la hacía muy mayor- pudo suprimir la emoción de un enamoramiento incipiente.

*

Javier Mina es escritor. Colaborador habitual de periódicos y revistas. Tiene numerosas obras publicadas. Es director de la revista 'Literatura' y ha recibido el prestigioso Premio de Novela en Castellano del Gobieno Vasco en 1990.



ESTE RECUERDO DE LO QUE A MINA SE LE HA QUEDADO DE LAS LECTURAS DE NIÑO LO HEMOS LEÍDO EN LA REVISTA 'CAMINAR CONOCIENDO', NÚMERO 0-1 DEL AÑO 1992. SIN PAGINAR Y CON UNA FRASE, VERSO O PROVERBIO REMATANDO PÁGINA.



'EL QUE QUIERE MIEL SE ENFRENTA CON LAS ABEJAS'

(Proverbio wolof)

lunes, 21 de mayo de 2007

José Mª Muñoz Quirós: El otro árbol de Guernica

Las primeras lecturas dejan siempre un eco recóndito en no sé qué parte de la memoria; y sucede así porque caen en un terreno hermosamente abonado para el fruto.
Al elegir una lectura, un motivo de reflexión lejano, pero presente, me viene al corazón la presencia de aquel libro de Luis de Castresana (el escritor ya desaparecido para desgracia de nuestra literatura) que dedicó a su propia vivencia como niño repatriado durante la Guerra Civil española. El otro árbol de Guernica sigue siendo una lectura que recojo, frecuentemente, para cubrir melancolías, para revivir nostalgias, porque los libros como las músicas y los perfumes, ejercen ese poder sobre las personas.


La novela de Castresana tiene todos los ingredientes de la autobiografía disfrazada, escrita en tercera persona para distanciarse de la historia, pero con clímax tan poderoso que el lector huele, rápidamente, el valor testimonial de lo que se cuenta. La historia trascurre en el País Vasco, en los escenarios del propio autor, en un momento decisivo y trájico de la Guerra Civil, nuestro escritor era un adolescente feliz, amante de las cosas esenciales y pequeñas de su tierra, despertando a ese resurgimiento de la sangre y de la vida. Santi, protagonista de la narración, junto con su hermana Begoña, parten de Baracaldo en una expedición hacia Bélgica, donde será refugiado hasta que la guerra finalice.

El éxodo de estos muchachos se produce en unos momentos dramáticos, y ellos lo saben, lo intuyen desde su elemental serenidad, dando color de nostalgia a cada instante, con la resolución absoluta de guardar su identidad mientra dure su lejanía de España; teniendo en cuenta que la novela transcurre, en casi su totalidad, en el extranjero, la paradoja es que el tema único es la tierra, las raíces y el amor de su pueblo.

El viaje se inicia con la esperanzada angustia de volver. Desde el primer momento se dramatiza pendiente de ese instante que se anhela, pegada a la necesidad de pervivir en el recuerdo, de no perder un mínimo detalle a sus esencias elementales. Con esta carga existencial, unos muchachos y muchachas de corta edad se van a enfrentar a 'su guerra', con todo lo que supone la lejanía íntima y desasosegante de la distancia. Será un viaje donde la identidad queda al servicio de la añoranza, aposentada en un tiempo ralentizado, diluido en su nueva medida, subjetivada hasta lo infinito, visionada desde la apreciación del personaje en su propio tiempo. Los hechos y las cosas se suceden; una familia belga que pretende una extraña adopción de Santi, una rebeldía que impide toda proximidad, la lucha por mantener la 'independencia' del corazón, la batalla, día a día, por reflejar su pasión por la tierra lejana, pero nunca muerta en el olvido.

La prosa esencial de Castresana hace de su historia un paseo por la melancolía y el recuerdo, llenando de matices, de silencios angustiosos la pequeñez del argumento, consiguiendo un tono épico en el desarrollo de los hechos, con la heroicidad y la emoción propias de la literatura universal. Y en medio de la desolación y de lo vivo lejano, acontecen los hechos: se reproducen los lazos de conexión con el origen, simbolizados en la matización de cada cosa, como la camiseta del Athletic de Bilbao, o las referencias paisajísticas, llegando al máximo símbolo en 'el otro árbol de Guernica', allá en la lejanía de aquel colegio donde ahora viven su desconsuelo existencial de exiliados. Alrededor del árbol se crea el espacio dramático y el nexo referencial de su identidad. Sólo los españoles pueden resolver sus problemas, discutir su situación rodeando el árbol que se ha erigido en el patrio y en lugar común. Y lo allí dicho es siempre 'ley' de su nuevo código, resolución de sus conflictos más irresolubles. El otro árbol, lejano de su tierra vasca, ampara al solitario, recibe al desesperado, resuelve cada problema, jueces del amor y de la patria.

Aquí reside el eje de la narración, la verdadera esencialidad de la historia. Fuertes y unidos, aunque lejos, están más cerca y más unidos que nadie. Aborrecen el dolor y la guerra que les ha alejado de sus raíces y sueñan con el día de su vuelta, de la misma manera que las aves retornan a su nido después del invierno.

Cuando, al final, regresan, alborozados por su retorno, la tierra no es lo que era, las personas no son las mismas, algo terrible ha sucedido... Al final de todo, cada uno ha luchado a su manera por sobrevivir y guardar lo elemental de su dignidad. La destrucción y la muerte han sembrado los caminos, pero el gesto esperanzador de Santi, infatigable ante el dolor, no deja lugar a dudas, sabe, con toda su inocencia, que permanece su árbol de Guernica, y que florecerá en otra primavera.

*

José Mª Muñoz Quirós es poeta. Accesit del Premio Adonais. Ha publicado varios libros. Uno de ellos editado por la Diputación de Ávila titulado 'Carpe Diem'. Es premio Vicente Aleixandre.


TOMADO DE LA REVISTA 'CAMINAR CONOCIENDO', NÚMERO 0-1 DEL AÑO 1992. ESE NÚMERO VIENE SIN PAGINAR, APARECIENDO REMATADA CADA PÁGINA CON UNA FRASE, VERSO O PROVERBIO (SOBRE TODO AFRICANO). ESTE TEXTO QUE ACUPA DOS PÁGINAS ES REMATADO POR LOS SIGUIENTES VERSOS:




'VIENTRES VACÍOS, OJOS DE CANGREJOS'
- NGANDE -


'PERSIGUIENDO EL PRECIOSO TIEMPO QUE SE ESCAPA'
- MVONDO II -

Ovidio Pérez Martín: Made in Spain


Mínimo homenaje a Leonardo de Sciascia y a su novela El Caballero y la Muerte, donde hace mutis con cierta melancolía.
El inspector C. de policía se apoyaba displicentemente en la barandilla de piedra que recorre las arcadas del patio del Castillo de Magalia. Escuchaba, como un ausente, música con los cascos puestos. Sin embargo, su instinto investigador y los conocimientos técnicos aprendidos en una escuela de sordomudos donde sus superiores le habían enviado durante meses, le permitían seguir con todo detalle la conversación en inglés que dos congresistas norteamericanos mantenían, abajo, en la galería, al solecillo de mediodía.

Se celebraba en el castillo un congreso sobre la fusión fría del átomo en su especialidad de ingeniería financiera de proyectos a medio y largo plazo y, en un descanso, la luz, el aire fresco y la hermosa arquitectura renacentista del patio invitaban a conversar de manera distendida. La forma viva de sus gestos indicaba que los americanos hablaban de algún asunto de máximo interés.

De pronnto el inspector C. arrugó imperceptiblemente el entrecejo y, como un espíritu, desapareció en el interior, bajó con prisa inusitada la escalera, le ocultó un pasillo y salió por una puerta, casi disimulada, que daba al patio exterior.

Las testas juntas, los americanos, con buenas maneras y caras angelicales, seguían su conversación. Pero, mirados con alguna atención, la sombra de Mefistófeles se adivinaba tras su tez sonrosada. Sus manos, al gesticular, aparecían con manchas de óxido en la piel.

El inspector C. llegó al zaguan y, por el empedrado, se perdió en la luz de la calle, como una exhalación.
Sonó un timbre y los congresistas volvieron a las farragosas sesiones del aula.

El inspector C. casi corría por la acera. Pero tuvo que desviarse. Dos beatas interceptaban el paso repartiendo estampitas del Santo Escapulario. Al fin encontró una cabina telefónica.


-A sus órdenes.

-(...)

-¡Ah, si, con toda claridad percibí el nombre de Busch.

-(...)

-¿Qué más? Capté palabras sueltas: conspiración, lamentaciones, cadáveres...

-(...)

-Si, si. Lechuza, lechuza del convento. ¡Ah!, ¿ese el nombre de la operación? ¿Fechas? No capte bien el día, pero repitieron los meses de julio y agosto. ¿Coincide? ¿Que no les quite el ojo de encima? Asus órdenes.

Rápidamente volvió al castillo. Las acacias de la plaza resplandecían como esmeraldas y el intenso olor de sus flores quebró las respiración del inspector, que estornudó por dos veces.

Entró en la sala del congreso sin apenas ser notado y encontró, con enorme sorpresa suya, los asientos de los yanquis vacíos. Echó una mirada por el recinto y nada. Se habían esfumado. Precipitadamente, pero invisible como un arcangel, desapareció. Una remota esperanza de encontrarlos lució en la mente del inspector y no le dejó ver la elegante línea de gansos que surcaba el cielo, azul como bruñido acero.

Llegó al Bar 'X' y respiró con alivio. Allí estaban y, por cierto, hablaban muy bien el castellano. A través de la leve bruma que reinaba en el bar los pudo distinguir en amigable plática con hombres del pueblo. Su oído, fino y sensible como la lengüeta de un clarín, podía distinguir la conversación entre las voces acumuladas.

Un paisano de Las Navas terminaba así su conversación:


-... y ésta es la leyenda de las almas en pena, que resultaron ser lechuzas en sus nidos del convento.

-Desde luego, España es diferente -decía el yanqui John-. ¡Qué divertida huelga de autobuses en Madrid! ¡Qué voces! ¡Muy cómico! Los españoles son muy bulliciosos. A nosotros también nos gusta la bulla. Pero en New York y en Los Ángeles no hay hombres. Allí estamos suplantados por máquinas. ' El ruido lo hacen los coches.

-La Expo 92 -seguía Tohn divertido- no es una castañuela. Es una castaña. Y las ruinas del Pabellón de los Descubrimientos son tan gloriosas como las de Numancia. ¡Qué bien lo han apuntalado! Han elevado la chapuza a arte. Cuando en el AVE nos dirigíamos a Sevilla nos parecía estar en la guerra civil, tanto soldado entre los olivos nos preocupaba.

-Yo creo -ironizaba John- que Naranjito, ni Cobi, ni Curro, es la expresión de España.

-Solo aquí puede oirse sin consecuencias que un ministro equipara a un insumiso con terroristas que matan niños. ¡Será troglodita!

-Y si las cosas acaban como la nao Victoria nadie naufraga. ¡Es la nao!

-Porque lo de Ibercorp tiene bemoles. Una mierda recubre la anterior.

-La anterior era RENFE, ¿no?

-¡Qué satisfacción en la ciudad de Ávila, porque en la muralla han brotado almenas. Nada más propio del '92'.

-Ahora bien -siguió Tohn-, nada tan divertido como la leyenda del convento de san Pablo. Cuando se lo contemos a Bush se olvidará de la conspiración. Las lamentaciones de los gonizantes deben parecerse mucho a los suspiros de las lechuzas. Debieron ser unos meses de julio y agosto muy divertidos los de aquel verano de Las Navas.

Al oir esto último al inspector C. se le cayeron als gafas.


-De modo que éstos no son conspiradores -se dijo-, ni tienen sombras mefistofélicas. No son más que unos vividores, sabios por añadidura, que aburridos del congreso y del átomo, tiene tiempo de charlar con la gente y catar los vinos de la tierra.

Recogió las gafas, salió del bar y corrió al teléfono.


-Jefe, me equivoqué. No sé cómo se han esfumado los conspiradores. Estos no0 son los que seguí hasta la EXPO. Me los han cambiado. ¡Cómo lo siento! ¡Y qué terrible que Bush siga amenazado sin que yo pueda hacer nada para salvarle...

Terminó el parlamento jadeante. Se le cayó el auricular y él, anonadado por su irresponsabilidad, se derrumbó en la pequeña cabina del teléfono, como un uniforme militar que se cae de la silla.

Dos gorriones, indiferentes ante el inspector caído, se entretenían en amorosos juegos propios de la primavera.

En ese momento, los teletipos de todo el mundo daban la noticia: 'Bush ha sido asesinado'.

*

Ovidio Pérez Martín, es profesor de EGB. Autor, entre otros, del libro de poemas, 'Soporte del viento', que le acaba de publicar la Institución Gran Duque de Alba.

LEIDO EN LA REVISTA 'CAMINAR CONOCIENDO', NÚMERO 0-1 DEL AÑO 1992.
REVISTA SIN PAGINAR QUE ACABA CADA PÁGINA CON VERSO, FRASE O PROVERBIO. EN LAS DOS PÁGINAS QUE OCUPA ESTE RELATO VIENEN DOS VERSOS DE 'UTAMSI':

'ME DESOLA EL CIELO TAN TRANQUILO'
y
'LOS VIENTOS DESPLUMARON LOS LOROS'

jueves, 17 de mayo de 2007

Julia Ochoa

Julia Otxoa(*)



Reflexión poética



Durante todos estos años, cuando paseaba por las calles de Berlín, no pude evitar el temor a que alguien apretara de pronto el interruptor de la luz y nos quedáramos en la rancia noche de ayer, proscritos. Luego, un día en que fatigada no lo pensaba, sucedió.



Nadie te ha visto,
ni conoce tu nombre,
solo yo sé que existes,
mis brazos ayer te sostuvieron
sobre las ramas más altas de la noche,
y fuiste cierto,
erguido tú,
sobre mis manos,
silvestre proa, mineral y rotunda.
Que importa que me digan
que ningún oasis
tu figura refleja,
que no te erige la arena,
ni te conoce el templo,
que nunca fue tu origen
cierta música sagrada,
¿qué importa?
solo entre tú y yo
tiene sentido el Canto,
las cifras se comprenden,
te traducen metales,
como si fueran astros.



(*)Julia Ochoa cultiva la pintura y la poesía. Colabora habitualmente en prensa y revistas. Ha publicado: 'Composición entre la luz y la sombra' (1978); 'Luz del aire', junto con Ricardo Ugarte (1982); 'Antología poética' (1989); 'Centauro' (1989); 'Antología de poetisas vascas' y numerosos poemas sueltos en distintos libros.



LEÍDO EN LA REVISTA 'CAMINAR CONOCIENDO, NÚMERO 0-1 DEL AÑO 1992. ESTE NÚMERO DE LA REVISTA ESTÁ SIN PAGINAR, TENIENDO POR REMATE DE PÁGINA UNA FRASE, VERSO O PROVERBIO. LA DE ESTA PÁGINA ES:



'ME SENTARÉ DE NOCHE EN LA FRENTE DE LOS NENÚFARES' - NGANDE

miércoles, 16 de mayo de 2007

JOSÉ BERGAMÍN: Al toro


Redacción de Caminar Conociendo:

Saliendo, como sale, esta revista de la biblioteca de un pueblo, no puede ser ajena a los gustos de ese pueblo. Y es que al pueblo de Las Navas del Marqués le gustan los toros.
Las palabras que van a continuación fueron escritas por José Bergamín, sin duda uno de los mejores escritores que ha parido España y muerto hace una decada de años. Rendimos así un póstumo homenaje al gran escritor madrileño y universal.
Los textos están tomados de un folleto: 'Hispánica de Bibliofilia', cuya portada dice así: José Bergamín - AL TORO - Grabados: José Caballero'. Al final de la contraportada pude leerse: 'este folleto reproduce, a tamaño reducido, los textos y grabados de la edición original de bibliofilia intitulada 'AL TORO'.
_._._._._

José Bergamín:

"¡Que bello espectáculo! Pero no es más que un espectáculo", escribía Goethe. ¿Hay algo más que un bello, si cruel, espectáculo, en una corrida de toros? ¿Algo más que el hermoso espectáculo aparente que enmascara de luces ese más? ¿Algo más, como en los juegos diversos de los circos o en los de las liturgias religiosas? ¿Al más que la libertad y la gracia de su expresión estética?
...

Cuando el toro se queja con su bramido porque siente el punzante frío sobre su piel de los rejoncillos que le clava el banderillero, es que está pidiendo que le pongan banderillas de fuego?
Ese toro pone su bramido en el cielo por esa injusticia y despiadada burla que se le hace a 'flor de piel', como si lo fuera para su alma.
'El toro no piensa, da que pensar'. Y nunca da más que pensar un toro que cuando cae muerto en la plaza: cuando 'dobla' como si se inmortalizara su fantasma.
Con el capote o la muleta, por sus recortes o galleos, recoge el torero en el aire el ímpetu de la embestida del toro como un vuelo. Como un eco de la música infernal que en sus tenebrosos abismos celestes callan los astros muertos.
...
Ni el torero mata al toro
ni el toro mata al torero:
los dos se juegan la vida
al mismo azaroso juego.
El caballo, como el toro,
si es valeroso y es fuerte,
da el pecho al aire y se enfrenta
cara a cara con la muerte.
__________
Sueña el toro cuando duerme
que está soñando la vida;
y está soñando la muerte.
El arte de torear
se ve, se oye y se entiende,
cuando es música estelar.
José Bergamín
LEÍDO EN LA REVISTA 'CAMINAR CONOCIENDO', NÚMERO 0-1, SIN PAGINAR CON UNA FRASE, VERSO, O PROVERBIO REMATANDO LA PÁGINA. TAL QUE ASÍ:
'... DE ESTE FUEGO A ESTA HELADA, TU VIDA HA FLORECIDO' -
LEOPOLDO DE LUIS