Mostrando entradas con la etiqueta Literatura africana. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Literatura africana. Mostrar todas las entradas

viernes, 3 de diciembre de 2010

Mía Couto: Un hijo

Un hijo en el fondo es quien da a luz a la madre.

Mía Couto en 'Cronicando'

lunes, 21 de septiembre de 2009

Poesía de África: Swahlis

Poesía de África: Swahlis

Añoranza

*

¡Magoboreni!
Voy a hacer un ramillete de jazmines
para sentir el olor de la tierra de Magoboreni.

*

(Tomado de 'Poesía Libre', número 14; revista de poesía; Ministerio de Cultura, Managua-Nicaragua; año V; marzo de 1985)

viernes, 26 de junio de 2009

Jacques Rabemananjara: ¡Azul, tan azul! (*)

Canto XXII

A mi amigo M. de la Roche, al artista y al poeta

*

¡Azul, tan azul ese ojo del firmamento tras el cristal de mi ventana!
La vida en flor entre mis pestañas.
El azul entero entre mis párpados.
¡Azul, tan azul ese ojo del firmamento tras el cristal de mi ventana!
.

¡Sombrías, tan sombrías estas cuatro paredes!
La muerte empapa tierra y piedra.
de una sudoración de otro planeta...
¡Puros, tan puros esos gritos de niño en su alma rodeada!
.

¡Pero, quién oirá, tierna Inocencia,
tu canto demasiado puro,
tu voz asaz clarividente
en el clamor de la noche!
.

¡La fuerza ciega del abismo
extrayendo con su látigo
el agrio son del moribundo!
La piel suavizada del dolor
sangra al duro beso de la cuerda.
.

Las estrellas agonizan sin un suspiro.
¡Qué mano levantada al horizonte
tenderá a los labios de los héroes
la enrojecida ofrenda de la Aurora!
.
De la sangre, no he derramado nada.
De la muerte, no he sembrado nada.
Mis dedos son claros como primavera.
Mi corazón es tierno como una hostia.
.

¿Quién oirá, casto Guerrero.
tu voz excesivamente pura,
tu canción demasiado dulce
en el chirrido de las tinieblas?
.

¡Azul, azulado ese ojo del cielo tras las rejas!
¡Fresco, fresco grito del infante en el prado!
La vida en agrz entre mis pestañas.
El azur completo en mis párpados.
La inocencia en los pliegues del alma...

*

12 de junio de 1947. Prisión civil. Tananarive.

*

(Versión libre de Iswe Letu)
__________
(*) El título es nuestro

martes, 7 de abril de 2009

Pierre Makombo Bamboté (*): De Bangui a París: 1º B

Pierre Makombo Bamboté:
De Bangui a París - Primero B (1)

(B: Había tiempos)

Había tiempos
tiempos de
soledad
vacía, de abismos.
Había
tiempos en que se era llano
llano y vacío.
Se preparaba entre los hombres
se preparaba
la aventura para
disolverse
disolverse en el vacio
vacío pero
los bellos niños...
__________
(*) Nació en Uada el 1º de abril de 1932.
Obras principales:
La poésie est dans l'histoire (París, Eds. P. J. Oswald, 1960. Coll. Janus); Chant funèbre pour un héros d'Afrique. Précédé d'un chant populaire adapté par Sembene Ousmane (Túnez, Société Nationale d'Edition et de Diffusion, 1962. Coll. "J'exige la parole"; Le grand état central (Gourdargues, Gard, Eds. de la Salamandre, 1965); Les rondonnées de Daba 'de Ouadda è Bangui', (París, Eds. La Farandole, 1966. Mille épisodes); Le dur avenir (Bangui, Ed. del autor, 1966); Les deux oiseaux de l'Ubangui (París, Eds. Saint-Germain-des-Prés, 1970) y Le soir des destructeurs. Princesse Mandapu (novela, París, Eds. Presence Africaine).

(1) Para una antología contra el racismo

viernes, 19 de diciembre de 2008

José Mª Amigo Zamorano: Paráfrasis de un poema de Mustafá Fersi

A estas alturas del Partido sabemos con certeza
de la existencia de regias rapaces cerniéndose en el cielo
que observan los vientres de madres deshonradas
como almacenes en reserva de carnes delicadas
y ven en subasta las uñas del holgazán del barrio
sumamente apreciadas en estas épocas de crisis
conque periódicamente nos castiga el lucro del Capital.

Hay seres abatidos en cualquier rincón del mundo
soñando historias gloriosas con propios sinsabores;
y hay también quien recoge esas ensoñaciones
para lanzarlas al sendero seguro de los vientos
en ráfagas de compromiso contra las indiferencias
a fin de que manos que pueden moverse a recogerlas
no lo hagan ellas al compás que marcan siempre
los dictadores de la tragedia de esta aldea global.

Sabemos que antes de que nuestras conciencias
se agosten o se agrieten o se sequen como labios
expuestos a las inclemencias furiosas del siroco
tenemos que dejar constancia escrita ante el horror
de tantas fiebres, miserias y asesinatos en acecho
por culpa de este sistema piramidal capitalista
que pone en el ara del altar de su templo ideológico
el beneficio privado de ellos cual dios omnipotente
para que vayan pasando gentes a mostrarle pleitesía.

Y yo... miro, veo, bebo, como o zampo cual gorrino
entierro mi fuerza creadora en el estéril suelo de pereza
hogareña y doméstica sentado en la estúpida fatuidad
del jornalero que no tiene siquiera zapatos que calzarse.
El egoísmo me ha carcomido el empuje hacia los otros
y eterno masoquista me extravío aceptando la miseria
que en derredor veo en los demás congéneres primero
y luego en la mía cuando ya me comen voraces los piojos.

Y tu... que miras, ves, bebes, comes o zampas cual cochino
dices, escribes, cosas sin importancia con palabras bonitas;
palabras, tan solo palabras para llenar tus horas de ociosidad
y te atreves a escuchar tu voz con delectación ególatra
y osas criticar sin medida según tu propia ambucia
y bebes sin control hasta hartarte de inane desvergüenza.

Y él... mira, ve, bebe, traga o zampa cual marrano
de la mañana a la noche ignorando afanes angustiosos
imperiosa necesidad de satisfacer el hambre y la sed
en un desierto de solidaridades del que es, él, fiel reflejo
sobre todo cuando se disfraza de amor por sus amigos.

Y aparecen velados, casi ciegos, por cobardía, egoísmo
y la brutal indiferencia mis ojos, y los tuyos y los de él;
ninguno de los tres, a qué negarlo, le hablamos al banquero;
no le dijimos ni esta boca es mía, ¡ay!, no lo hicimos ayer:

"No abuses del botín de tus robos ¡detente un poco, avaro!
pues de lo contrario tu mismo sufrirás en carne propia
las iras producidas por los fardos demasiado pesados
sobre agrietadas espaldas de trabajadores del mundo.
Y atiende bien, su dolor por esfuerzo excesivo en su epidermis
explotará más pronto que tarde delante de tu jeta delicada
a la que no le valdrán para nada tus piadosas mascaradas".

Y a esa madre indigna que ha abandonado a su hijo
no reprobamos su conducta antier, ¡ay!, no lo hicimos
ninguno de los tres, para qué vamos a negar lo evidente:

"Cuida de tu inocente vástago, mujer, cuídalo apartando
esa miríada de moscas asesinas de su rostro purísimo,
mira que ese descendiente, mujer, es tu reencarnación,
tu propio corazón latiendo de miedo en sus entrañas".

Y ni a los parados y hambrientos de esta crisis de superproducción
les dirigimos palabra alguna al confundir prudencia por cobardía;
reconozcamos la verdad de nuestro propio mutismo de anteayer:

"Para coger el arma de la nacionalización de la banca, ejem ejem,
hay que saciarse primero hasta adquirir la fortaleza suficiente
a fin de asir la herramienta con valiente y arrojada certidumbre;
al tiempo que aprenderemos a ganarnos el pan con dignidad
sin tener que recurrir al denigrante recurso de alargar la mano".

Y nos queda, por fin, el holgazán de nuestra clase obrera, que lo hay,
que vive, ahí, sin pudor, de la ayuda de cada vecino del contorno,
limpiándose las uñas, sentado en el poyo, a la puerta de la casa;
ni a ese sinvergüenza nos atrevimos a decirle algunas frescas:

"¡Trabaja, vago más que vago!, verás así la maravilla de la luz;
bendecirás la vida que brotará tierna y luminosa de tu esfuerzo;
empuña la hoz y el martillo con decisión de entrega comunera;
coge lápiz y fusil, útiles necesarios para sostener la densidad
de tu revolución personalísima dentro del cogollo de la lucha;
hay camaradas y hermanos en todas las partes del mundo
luchando sin cesar y a veces muriendo contra el Gran Capital
o contra sus lacayos disfrazados de líderes políticos o sindicales.
La Libertad está, ahí, y te espera para coronarte de gloria;
la Libertad te espera, ahí, fuera de tu parasitaria holganza;
esfuérzate, pues, un poco, forjando con tus camaradas,
con tus manos, con tu sangre, con tu sudor, con tu vida, otra vida
en que los niños no vean las moscas voraces comiéndole la cara;
una Vida ajena a rostros macilentos nacerá de tus brazos;
la Vida sin pobres asustados late ya en tus manos ociosas.

Pero la Vida, seguirá su derrotero aunque te quedes sentado".

No se lo dijimos, ¡ay!, ayer, con claridad, a todos ellos, no.
No le dijimos, ¡ay!, que el Hombre sin costuras ni remiendos
con el que soñamos, digno, no es otro que ellos mismos;
dignos, si, si son dignos de verdad y no pobres piltrafas
sentadas, a las puertas de su casas, con las bocas abiertas,
tragándose el sol de la pereza infecunda con miles de moscas,
entonces no tendrán ni el valor del pedo de una hiena vieja.

Y a estas alturas de la Historia lo sabemos con certeza
mayor aun de la que tenía el poeta árabe Mustafá Fersi
de cuyo poema 'Ayer... mañana' (*) hemos sacado algún
renglón de lo que nos hacemos culpables. Hemos dicho.

Fdo: José Mª Amigo Zamorano

__________
(*) Antología poética 'Diwan africano. Poetas de expresión francesa'.
Autor: Rogelio Martínez Furé. Editorial Arte y Literatura.
Ciudad de la Habana, Cuba. 1988.

jueves, 17 de abril de 2008

A los 94 años fallece Aimé Césaire

PARÍS (AFP) - El poeta martiniqués Aimé Césaire, considerado el padre de 'la negritud', falleció este jueves, 17 de abril de 2008, a los 94 años de edad en Fort de France (Martinica), en el centro donde se encontraba hospitalizado desde el 9 de abril, informaron fuentes gubernamentales.


Le leímos cosas como este poema:



PACIENCIA DE SIGNOS



Sublimes excoriaciones de una carne fraterna y hasta las fogatas rebeldes de mil aldeas azotadas
arenas
fuego
mástil profético de las carenas
fuego
vivero de murenas fuego
fuego faroles de situación de una isla en pesadumbre
fuegos huellas de hoscos rebaños que se
deletrean en los barros
pedazos de carne cruda
gargajos suspendidos
esponja rezumante de hiél
vals de fuego de los céspedes llenos de cucuruchos que caen del impulso
frustrado de grandes ta-bebuyas
fuegos de los tizones perdidos en un desierto de llantos y cisternas huesos
fuegos desecados más nunca tan desecados que no palpite un gusano
pregonando su carne nueva
semillas azules del fuego
fuego de los fuegos
testigos de ojos que para las locas venganzas se exhuman y se agrandan
polen polen
y por los guijarros donde se redondean las bahías nocturnas de suaves
manzanillos
buenas naranjas siempre accesibles a la sinceridad de las sedes largas


martes, 8 de abril de 2008

Jean-Joseph Rabearivelo: Viejas canciones de Imérina


Jean-Joseph Rabearivelo


Viejas canciones de Imérina
(Traducción de Rogelio Martínez Furé)

Índigo que flores por segunda vez, ambrevade que floreces por tercera: recoged lo que habéis esparcido, recobrad lo que habéis abandonado: ¡tres veces cambiásteis, y tres veces veces apenas encontrásteis nada mejor!



Vieilles chansons des pays d'Imérina

viernes, 28 de marzo de 2008

Charles Nokan: 'En recuerdo de Amilcar Cabral'

Poema contra el racismo


En recuerdo de Amilcar Cabral

de Charles Nokan (Zègua Nokan)


El guerrillero no muere gratuitamente;
abre veredas que llevan a la verde sabana.

El guerrillero no muere así porque si;
su sangre llena bosque o calle y es más roja
que la de un accidentado en carretera.

El guerrillero no muere nunca de balde;
su sangre bermeja llama a los proletarios
a combatir por el triunfo de su causa,
la justicia, si, y la camaradería.

Los guerrilleros crean el día.
De sus dedos brota la aurora.
En sus manos se eleva el sol.
Tendremos los mismos intereses,
todos tendremos la misma lengua.
Cantemos todos la misma canción.

(Version libre)

miércoles, 19 de marzo de 2008

Mojammed Dib: 'Sombra vigilante, 3'

No preguntéis
si el viento que sopla
errante por las cimas
atiza el hogar;


si es una hoguera,
un fuego de pobres
o una señal de alerta.


En las noches empapadas todavía,
mujeres maravillosas
que cerrais vuestras puertas, soñad.


Yo camino, camino:
los vocablos que llevo
en mi lengua son
un extraño reclamo.


Tlemcen 1955

miércoles, 23 de enero de 2008

Abdelkebir Jatibi: Abre en mi sangre

se abre en mi sangre
alarga sus raices
sus tumbas su memoria
a los límites del cuerpo

lo invisible
lo irreductible de la calle
toda revuelta es avalancha de piedra
puertas vuelos en la noche que gira
avalanchas de polvo alado de líneas
agudas geometrías

de pie en la violenta calle
el hombre, primero en la palabra