jueves, 29 de abril de 2010

Fernando de Rojas: Ditirámbico elogio del Vino (*)

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Celestina:

"Asentaos vosotros, mis hijos, que harto lugar hay para todos, a Dios gracias; tanto nos diesen del paraiso, cuando allá vamos. Poneos en orden, cada uno cabe la suya; yo, que estoy sola, porné cabo mí este jarro y taza, que no es más mi vida de cuanto con ello hablo. Después que me fui haciendo vieja, no sé mejor oficio a la mesa, que escanciar. Porque quien la miel trata, siempre se le pega de ello. Pues de noche en inuierno no hay tal escalentador de cama. Que con dos jarrillos de éstos, que beba, cuando me quiero acostar, no siento frío en toda la noche. De esto aforro todos mis vestidos, cuando viene la navidad; esto me calienta la sangre; esto me sostiene continuo en un ser; esto me hace andar siempre alegre; esto me para fresca; de esto vea yo sobrado en casa, que nunca  temeré el mal año. Que un cortezón de pan ratonado me basta para tres días. Esto quita la tristeza del corazón, más que el oro ni el coral; ésto da esfuerzo al mozo y al viejo fuerza, pone color al descolorido, coraje al cobarde, al flojo diligencia, conforta los celebros, saca el frío del estómago, quita el hedor del anélito, hace impotentes los fríos, hace sufrir los afanes de las labranzas, a los cansados segadores hace sudar toda agua mala, sana el romadizo y las muelas, sostiénese sin heder en la mar, lo cual no haze el agua. Más propiedades te diría de ello, que todos tenéis cabellos. Así que no sé quien no se goze en mentarlo. No tiene sino una tacha, que lo bueno vale caro y lo malo hace daño. Así que con lo que sana el hígado enferma la bolsa. Pero todavía con mi fatiga busco lo mejor, para eso poco que bebo. Una sola docena de veces a cada comida. No me harán pasar de allí, salvo si no soy combidada como agora." 

Fernando de Rojas en 'La Celestina', noveno auto.
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