martes, 19 de febrero de 2008

Luis García Montero: Estás solo. Para seguir camino

ESTÁ SOLO. PARA SEGUIR CAMINO...

Está solo. Para seguir camino
se muestra despegado de las cosas.
No lleva provisiones.
Cunado pasan los días
y al final de la tarde piensa en lo sucedido,
tan sólo le conmueve
ese acierto imprevisto
del que pudo vivir la propia vida
en el seguro azar de su conciencia,
así, naturalmente, sin deudas ni banderas.

Una vez dijo amor.
Se poblaron sus labios de ceniza.

Dijo también mañana
con los ojos negados al presente
y sólo tuvo sombras que apretar en la mano,
fantasmas como saldo,
un camino de nubes.

Soledad, libertad,
dos palabras que suelen apoyarse
en los hombros heridos del viajero.

De todo se hace cargo, de nada se convence.
Sus huellas tienen hoy la quemadura
de los sueños vacíos.

No quiere renunciar. Para seguir camino
acepta que la vida se refugie
en una habitación que no es la suya.
La luz se queda siempre detrás de una ventana.
Al otro lado de la puerta
suele escuchar los pasos de la noche.

Sabe que le resulta necesario
aprender a vivir en otra edad,
en otro amor,
en otro tiempo.

Tiempo de habitaciones separadas.

Tomado de "Habitaciones separadas"

Luis García Montero

jueves, 7 de febrero de 2008

José Mª Amigo Zamorano: 'Refugiado'

Refugiado

Para una antología contra el racismo

Se quebró el ánfora sagrada, cayendo al suelo rota en mil pedazos.


El árbol que daba sombra a los ancianos y a los niños en los días calurosos y que presidió las añaceas durante siglos, se secó.


Huyeron las mariposas cuando el tam-tam, rasgando su vientre sonoro, enmudeció, ¡mal augurio!


El gallo tutelar permaneció solo, silencioso e indeciso, en la penumbra del puerto.

Francas las cancelas la conciencia se achicó y agrandó para lamentar la pérdida del alba; poco remedio para tan grande mal.


Si percibió la enriquecedora diferencia, la juzgó erizada de púas y con los fosos atestados de hambrientos cocodrilos. Mas no ha venido para volver atrás, sino al origen.


Sin embargo se halla preparado para todo: respirar el aire que le otorguen, hacer de tripas coraje y con la nostalgia que le queda (su bien mas preciado) edificar una airosa morada que algún día pintarán las mariposas.


Después sucederá el menosprecio y el acoso, color mierda, o la indiferencia criminal, de tinte nauseabundo.


Mas, con los suyos, ya habrá plantado un nuevo árbol que presidirá las añaceas del regreso, a la tierra comunal abandonada.